
Desde mi casa se puede ver un árbol de hojas amarillas que estoy segura de que se robó el sol. Siempre que lo veo me encandila y es increíble como brilla. Realmente no exagero, siempre está brillando, con luz propia, en cualquier momento, pero hay una hora del día en la que se vuelve de oro, y cuando me despierto algunos fines de semana con la cabeza un poco abombada, brilla todabía más y me hace doler los ojos.
Nunca va morir, porque tiene un duende o un pájaro que le da vida todo el año.
Nunca va morir, porque tiene un duende o un pájaro que le da vida todo el año.